Europa tiembla a la espera del referéndum en Italia

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La reforma constitucional que, entre otras cosas, suprime la función legislativa del Senado y que fue aprobada por el Parlamento el pasado 15 de abril, pretende terminar con el bicameralismo perfecto al retirar al Senado la función legislativa. De ser aprobada, la norma convertirá al Senado en una cámara de representación territorial sin capacidad para legislar, el número de senadores pasará de los 315 actuales a 100, entre consejeros regionales y alcaldes, y no serán elegidos en comicios generales sino durante los regionales. Tampoco percibirán sueldo por su rango de senadores, pero mantendrán la inmunidad parlamentaria, uno de los aspectos que más ha dividido al panorama político italiano.

Las últimas encuestas – difundidas dos semanas antes de la consulta, tal y como previsto por la ley transalpina – dan el ‘no’ por ganador con un margen de hasta 10 puntos. Italia amenaza con convertirse así en un nuevo foco de desestabilización, tras unos meses ya marcados por el Brexit y la victoria de Donald Trump. El peligro concreto es que una victoria de los contrarios a la reforma estrella de Renzi abra una crisis de Gobierno, precipitando Italia en nuevas elecciones generales en 2017, cuando también habrá comicios en Francia y Alemania.

Pero incluso una victoria muy apretada del ‘sí’ podría causar problemas: el comité del ‘no’ a la reforma ya ha anunciado recursos, en el caso de que el voto en el extranjero resulte decisivo para la victoria. Los opositores de la reforma constitucional encabezados por el Movimiento anti-partidos 5 Estrellas cuestionan la validez del voto por correo, recordando las sospechas de fraudes ya levantadas en ocasión de las últimas elecciones

En cualquier caso, los días después del referéndum prometen ser cruciales para el futuro de Italia y no solo. De hecho entre el 5 y el 12 de diciembre el país transalpino tendrá que atacar varios cabos dejados sueltos a la espera del resultado de la consulta sobre la reforma constitucional.

Previsiones de crecimiento

La cuestión más urgente es la controvertida ley presupuestaria que el Gobierno de Roma acaba de presentar y sobre la que Bruselas expresó varias dudas, anunciando previsiones de crecimiento para la economía italiana inferiores a las del Ejecutivo de Renzi: 0,7% en 2016 y 0,9% en 2017 (en ambos casos un 0,9% menos con respeto a los anuncios del Gobierno transalpino).

Incluso el ISTAT (el INE italiano) acaba corregir a la baja las estimaciones de crecimiento del PIB para este año, que se situarán en un 0,8%, frente al 1,1% previsto en mayo (un 0,9% en 2017). La diferencia entre las previsiones del Gobierno y las de instituciones independientes es crucial, porque el plan de reducción del déficit se funda sobre los objetivos de crecimiento. Y una economía que crece menos de lo previsto comprometería todos los planes económicos del Ejecutivo.

Para los problemas presupuestarios de Roma la fecha clave es el 5 de diciembre, cuando los ministros de Economía de la eurozona se pronunciarán sobre el exceso de optimismo de Renzi y la flexibilidad presupuestaria que el primer ministro italiano se ha tomado otra vez sin permisos previos, tras 19.000 millones de derogaciones ya obtenidas durante los últimos dos años.

El problema es que la economía transalpina sigue sin recuperarse de la crisis, por culpa de problemas estructurales, empezando por la productividad laboral. Según el ISTAT ese indice, entre 1995 y 2015, ha aumentado un 0,3% cada año, con respeto a una media europea del 1,6%. Incluso España, uno de los países que menos ha crecido en productividad laboral (+0,6%) tiene un avance que es el doble del país transalpino.

La incertidumbre relacionada con el referéndum constitucional sólo ha agravado los problemas crónicos del país y mientras la actividad política se ha parado a la espera del resultado, las inversiones no van mejor

Una deuda muy elevada

La percepción es de una Italia a la que le cuesta cambiar cuando, con una deuda tan alta lo que necesitaría es cambiar cuanto antes para aumentar su eficiencia y gestionar de mejor manera su deuda” explicó a elEconomista Gianfelice Rocca, presidente de la multinacional del acero italoargentina Techint y de la poderosa patronal de Milán, Assolombarda, que no esconde sus preocupación para el éxito de referéndum. “En Italia, hay la capacidad incluso para salir de una situación difícil. Pero está claro que esto es un periodo de gran incertidumbre”, señala el empresario.

 

Otro de los problemas estructurales de la economía italiana es la crisis de la banca. Por no haber intervenido a tiempo, ahora las entidades italianas peligran bajo el fardo de 360.000 millones de créditos dudosos y necesitan una masiva inyección de capital fresco. Los días después del referéndum serán el banco de pruebas del modelo de saneamiento bancario elegido por Italia: muy poco dinero público e intervenciones reservadas a las pequeñas entidades al borde de la quiebra. Otros bancos más grandes, empezando por el que tiene más problemas, Monte dei Paschi di Siena (MPS), deberán encontrar por si mismos los recursos para salir adelante.

El flamante consejero delegado de MPS Marco Morelli ha presentado un plan que prevé el despido de 2.600 empleados, el cierre de cerca de una cuarta parte de oficinas, inversión en banca digital y la venta de de divisiones y créditos dudosos. La entidad pedirá a los inversores 5.000 millones de euros. Siendo una cuestión de vida o de muerte para la entidad, Morelli ha preferido aplazar la ampliación hasta después del 4 de diciembre: la fecha prevista es el 12 de diciembre, pero es probable que, en caso de derrota de Renzi, el banco tenga que parar en seco. Igualmente queda a la espera de la consulta UniCredit, el principal banco internacional italiano que necesita alrededor de 10.000 millones de capital fresco para relanzarse. El miedo es que una victoria del “no”, dispare la turbulencia de los mercados financieros, dificultando la labor de las entidades.

Según una investigación recién publicada por la aseguradora crediticia francesa Coface, el aumento del riesgo político es elevado en toda Europa, pero Italia arriesga ser la olla de barro del Continente. Según los analistas de Coface  que ha elaborado un indicador específico, en los últimos años los riesgos políticos han crecido una media de 13 puntos sobre todo en Alemania, Francia, Italia, España y Reino Unido.

Y otro shock político, cuya entidad podría compararse con el referéndum sobre el Brexit de junio, podría tener un peso negativo ulteriormente influyendo calcula Coface sobre el crecimiento europeo en aproximadamente 0,5 puntos. Desgraciadamente, Italia, en este contexto, podría revelarse el anillo débil. De hecho a la espera del 5 de diciembre, los inversores ya pretenden que Italia pague un precio mayor.

A pesar de haber gozado de más estabilidad política durante el último año, el país transalpino paga por sus deudas intereses más altos que España. En diciembre de 2015, eran los españoles los que tenían que ofrecer rendimientos más elevados en aproximadamente 15 puntos básicos, mientras ahora la situación es al revés.

“España e Italia se han enfrentado a la crisis de manera muy diferente” añade Rocca, subrayando “Italia ha intentado guardar el nivel de empleo, mientras España ha trabajado en mejorar la productividad, reduciendo el empleo. Esta medida ha tenido un coste social elevado pero ha permitido una recuperación más rápida. Creo que España se ha enfrentado a la crisis con más valor, invirtiendo sobre el futuro cuando nosotros invertimos sobre el pasado”.

Los indecisos son uno de cada cuatro electores

Las últimas encuestas sobre el referéndum del 4 de diciembre salieron el 18 de noviembre, dos semanas antes de la consulta tal y como prevés la ley transalpina. El “no” seguía encabezando los sondeos con un margen muy amplio: según Ipsos para el Corriere della Sera, el principal periodico transalpino, el ‘No’ seria al 55% con respeto al 45% del ‘Si’. 41% de ‘No’ y ‘34%’ de ‘Si’ según Demos para otro periódico, La Repubblica. Piepoli para La Stampa, el tercer diario nacional atribuye al ‘No’ el 54% con respecto al 46% de ‘Sì’. Todos, sin embargo, indican que hay casi un 25% de indecisos que serán fundamentales para el resultado la consulta.

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