Las políticas comerciales de los candidato en USA: Clinton mal, Trump peor

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Las políticas comerciales propuestas por Hillary Clinton y Donald Trump en sus programas de gobierno harían “profundo daño” a la economía estadounidense, concluye un reciente informe del Instituto Peterson para la Economía Internacional (Peterson Institute for for International Economics, PIIE) un think tank liberal con sede en Washington DC.

El PIIE fue creado y es presiidido por el billonario Peter Peterson, ex secretario de comercio de Richard Nixon, quien después fue CEO de la legendaria Lehman Brothers y más tarde, en 1985, fundó y dirigió el Blackstone Group, una de las firmas más poderosas de private equityy banca de inversiones de Wall Street. Con esa trayectoria, no es como para pensar que los estudios del PIIE buscan dar en el gusto a George Soros.

El estudio, dado a conocer el 19 de septiembre, muestra preocupación por el hecho de que ambas candidaturas culpan a la globalización de la desigualdad social y la concentración de la riqueza. Establece, sin embargo, una importante diferencia entre la candidatura demócrata y la plataforma populista del candidato republicano, diciendo que si bien la política comercial impulsada por Clinton haría un claro daño a la economía norteamericana, la política que ha esbozado Donald Trump sería “terriblemente destructiva”, causando una recesión en Estados Unidos y la pérdida de cuatro millones de puestos de trabajo en el sector privado, revirtiendo además décadas de paulatina liberalización comercial en el mundo.

Imponer unilateralmente aranceles de 45% a los bienes importados de China y de 35% a los producidos en México -eso plantea Trump- haría que ambos países contratacaran con una medida similar: aumentar los impuestos a la importación de productos estadounidenses. Esos aumentos tributarios se traducen casi automáticamente en aumento de los precios al consumidor de esos productos.

A eso hay que sumar el anuncio de Trump de que dará muerte a la Alianza Transpacífico (TPP), un acuerdo comercial y de unificación de estándares de patentes y propiedad intelectual entre doce países de la cuenca del Pacífico. Diseñado y negociado por la administración Obama, el TPP ya fue aprobado por los gobiernos de los doce países de la cuenca del Pacífico, entre ellos México, Perú y Chile. El TPP liberaliza el comercio entre los países miembros e impone los estándares de propiedad intelectual y patentes de Estados Unidos en una zona del mundo geopolíticamente importante para China.

Trump ha dicho también que renegociará el Nafta, un acuerdo de libre comercio que tiene Estados Unidos con Canadá y México desde 1994 y que en términos de transporte, logística, y estándares aduaneros y de transporte, ha integrado completamente a los tres países. Trump dice que renegociará el acuerdo en términos más convenientes para Estados Unidos y que, si los otros dos socios no aceptan sus términos, retirará a su país del acuerdo.

Y no se trata de una bravuconada, dice el PIIE en su análisis. El orden institucional estadounidense permite al presidente fijar aranceles y deshacer alianzas comerciales sin consultar al Congreso. De suceder así, el proteccionismo unilateral del país más rico del mundo podría desatar una guerra comercial mundial contra Estados Unidos, impactando a las economías de todos los países y debilitando todas las posiciones de la política exterior norteamericana.

Los países perjudicados por el aislacionismo comercial estadounidense podrían recurrir a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en vez de contraatacar con una guerra comercial, plantea el informe. Pero la OMC tarda en promedio 18 meses en dar dictamen en casos de este tipo y, cuando lo da, nada obliga a los países a acatarlo. Además, Trump ha amenazado con retirar a EE.UU. de la OMC si los fallos le son adversos. Para México, China y los que vengan en camino, la defensa más rápida será devolverle la mano a Mr. Trump, imponiendo aranceles que volverán más caros los productos estadounidenses en sus países.

Usando un modelo macroeconómico de Moody’s Analytics, el estudio del PIIE analiza tres escenarios diferentes:

*Guerra comercial total (EE.UU. impone aranceles de 35% a Mexico y 45% a China, y ambos hacen lo mismo con EE.UU. Este régimen dura más de un año).

*Guerra comercial asimétrica (Estados Unidos impone los aranceles, México y China no responden con la misma moneda, pero se disuelve el Nafta).

*Guerra comercial abortada (EE.UU. impone los aranceles, China y México no contratacan, y EE.UU. elimina los aranceles en un año).

En los tres escenarios bajan el consumo y el PIB en el país, pero en el caso de guerra comercial total, Estados Unidos entra en recesión en 2019.

Al analizar el impacto que esa eventual guerra comercial tendría en el aparato productivo de EE.UU, el estudio entra en detalle en los distintos sectores e industrias. Las industrias más perjudicadas serían las que fabrican maquinaria usada para la creación de bienes de capital en los sectores de tecnología de la información, aeroespacial e ingeniería, tanto para el mercado interno como para la exportación.

Otras industrias especialmente perjudicadas serían la fabricación y venta de automóviles, la construcción, la fabricación de maquinaria e instrumentos y la minería del hierro.

Pero las sanciones comerciales que propone Trump golpearán a todos los sectores de la economía estadounidense, incluyendo industrias no relacionadas con el comercio exterior, como los restaurantes, la distribución tanto mayorista como de retail, y las agencias de empleo temporal. Se perderían unos 4 millones de puestos de trabajo, predice el PIIE, especialmente en las áreas que emplean a los trabajadores menos calificados. Irónicamente, ese es el grupo demográfico al que Trump quiere favorecer con su alza de aranceles.

Respecto del Nafta, el análisis del PIIE se enfoca en cómo retrocedería la economía mexicana si Estados Unidos se retira o si el pacto es abolido. El estudio hace hincapié en que la inmigración de mexicanos ilegales ha disminuido en forma consistente en los últimos años, especialmente durante la recesión estadounidense de 2008-2009. Si la economía de México entra en recesión, como sucedería si se acaba el Nafta, dice el PIIE, los inmmigrantes ilegales de México aumentarían en vez de disminuir, logrando el efecto contrario al que Trump quiere lograr.

Clinton no es buena candidata porque pertenece a una especie de dinastía eternizada en el poder y también porque no ha convencido al electorado de su sinceridad. Ese problema se debe en parte a que no tiene el don de la oratoria, que sí ostentan su marido Bill, el presidente Obama y -más importante- Donald Trump. Parece recitar los discursos de memoria, no parece convencida de lo que está diciendo. Pero la poca credibilidad de Clinton se debe también a que efectivamente ha cambiado de posición públicamente cuando le conviene.

Un ejemplo es precisamente el tema del comercio. Durante la mayor parte de su vida pública ha sido partidaria de la apertura comercial. Aplaudió el Nafta cuando era Primera Dama, en el Senado dio su voto de aprobación a seis acuerdos bilaterales de comercio: con Chile, Singapur, Australia, Marruecos, Bahrein y Omán, y como secretaria de Estado elogió con entusiasmo la Alianza Transpacífico (TPP) y negoció los términos de la versión final, la que aprobaron ya los gobiernos de los doce países miembros y espera la ratificación de los congresos para ponerse en marcha.

Pero Clinton ahora se opone al TPP, posición que asumió a los pocos días de ganarle la nominación al izquierdista Bernie Sanders. El precandidato se oponía firmemente al libre comercio por el mismo motivo que esgrime Trump: que ha traido desempleo y salarios estancados a los obreros y trabajadores estadounidenses menos calificados. Clinton se declaró contratria al TPP luego de ganar la nominación, en un obvio intento por atraer a los simpatizantes de Sanders. Mientras que el presidente Obama considera que el TPP es prioritario y parte de su legado, y espera que el Congreso lo vea inmediatamente después de la elección presidencial.

La oposición al TPP es el único punto en que concuerdan los programas de gobierno de Clinton y Trump. El PIIE le dedica un capítulo especial al TPP y cita otra investigación del mismo instituto, publicada en 2015. Esa investigación estima que el TPP tendría un impacto positivo para la economía estadounidense de entre US$77.000 millones y US$123.000 millones al cumplirse el primer año de su puesta en marcha.

El nuevo estudio del PIIE se centra más en lo político que en lo económico. Dice que si aborta el TPP  -como ambos candidatos dicen que harán- eso debilitaría las alianzas que EE.UU. tiene en Asia, y envalentonaría a sus rivales. Esto traería problemas de seguridad nacional y haría disminuir la probabilidad de que EE.UU asegure su hegemonía en la cuenca del Pacífico, sin convertirse en la nación hegemónica de la cuenca del Pacífico para el siglo 21.

Clinton será muy partidaria del libre comercio, pero tendrá que cumplir su palabra en lo del TPP, a riesgo de causar en su partido un desbarajuste mayor que el que viven ahora los republicanos.

Clinton propone una política comercial muy detallada, pero no en materia de aranceles o revisión de tratados, sino en que establece un mecanismo para evitar los abusos de parte de sus socios comerciales. Nombrará a un “fiscal jefe de comercio” que le reportará directamente a ella; triplicará el número de profesionales para monitorear los acuerdos comerciales y creará un sistema de alerta temprana para detectar problemas en la implementación de los acuerdos.

Clinton pondrá también reglas más estrictas contra la manipulación de divisas y ha hablado de afinar las definiciones de reglas de origen para determinar si un producto es made in the USA o no, con el objetivo central de ayudar a los trabajadores estadounidenses de la industria automovilística.

El mercado cree que Hillary es la candidata de la continuidad y que los cambios que haga serán menores. La divulgación por Wikileaks la semana pasada de sus conversaciones privadas con altos ejecutivos de Wall Street, en términos demasiado amistosos, podrán quitarle votos, pero la ayudan a dar confianza a los mercados de capital.

Al revés de lo que le ocurre a Donald Trump, quien a pesar de ser multimillonario y neoyorquino de toda la vida, tiene asustado al capital. Pero su política comercial proteccionista es necesaria, dice, porque los otros países “se ríen de nosotros y abusan de nosotros” y que por culpa de los tratados de libre comercio “estamos cada día peor y tenemos un déficit comercial de US$800.000 millones”. Aunque sus asesores, sus opositores y los medios de comunicación le dicen que el déficit comercial en 2015 fue de US$530.000, mucho menos que los US$800.000 millones que él dice. Y también le dicen que la balanza comercial no está peor que antes, sino mejor. Los peores años de déficit comercial, cuando efectivamente bordeó los US$800.000 millones, fueron durante el segundo período presidencial del republicano George Busch.

Trump escucha que el déficit es de 500 y no de 800 como él dice . Y al día siguiente vuelve a decir que es de 800.

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